¡Bienvenidos!

¡Un placer compartir con ustedes este rincón! Aquí algunos de los detalles que encontrarán arrinconados: productos que impactan a la salud, cuales no impactan, alimentación saludable y ventajas de comer orgánico y dónde comprar orgánico, consejos de ahorro energético, cómo producir menos desechos, importancia de tener plantas en los hogares, y cuáles tener, y muchos temas más. Si ustedes acaban de pensar “Ah, esta página es para cuidar al ambiente”, están equivocados. Es para cuidarnos a nosotros. Estamos conectados, entrelazados, entremezclados con el ambiente. El impacto a este es impacto a la salud, sea de manera directa (por consumo) o indirecta (por el ambiente).

¿Por qué surge está página?, bien, es una historia larga, mejor dicho, un conjunto de historias y experiencias vividas que fueron dándole forma a mi amor por el ambiente y preocupación por el impacto a la salud.

Permítanme iniciar cuando era solo una niña. Siempre he sido alérgica, pero de todas mis alergias creo que la que más me impactó durante mi infancia fue a productos de higiene y limpieza; jabones, detergentes; me irritaban las manos y pies. Y no es solo aquellos conocidos como irritantes, estamos hablando a todo tipo de jabones incluyendo los Johnson & Johnson para bebés (claro, hoy sé que es una empresa que utiliza una gran cantidad de químicos que afectan la salud, pero en ese entonces nunca comprendí cómo un producto fabricado para el ser humano más delicado y vulnerable, podía ocasionar a una niña unas molestias de tal magnitud).

Pasado muchos años, probando jabones, evitando jabones, ayudando a fregar con guantes,… me senté analizar los ingredientes de todos estos productos. Probando y probando; y leyendo y leyendo, descubrí lo que ya en muchos países estaba publicado y comprobado. La mayoría de los ingredientes artificiales (derivados del petróleo todos), utilizados en los productos que consumimos nos alteran la salud, las reacciones alérgicas son un ejemplo. ¡Voilá, resuelto el problema! A decirle adiós a todos los jabones del mercado prácticamente. Llegué a esta conclusión después de pasar años de mi infancia con los dedos destrozados, al rojo vivo, llegué a esta conclusión después que en mi adolescencia fui botada por un noviecito por tener los ¡dedos feos! jejejeje (suena como chiste, pero muy lamentablemente, estoy aquí para decirles que no lo es), y llegué a esa conclusión después de pasar mi juventud y edad adulta con períodos de dedos bonitos y períodos de dedos feos.

En el año 1997 conocí el mundo del reciclaje. Viví en Bruselas por un año y allí descubrí cómo se clasificaban los desechos, su importancia, el impacto y cómo aplicar esto en mi hogar. Así mismo conocí lo fácil que se puede ir al supermercado y salir sin fundas plásticas, simplemente reutilizando la que se tiene en el hogar. Descubrí como el poliestireno esponjoso (o cariñosamente llamado ¨foam¨), no es indispensable para dispensar nuestros embutidos, quesos y carnes. El simple papel manila (papel reciclado y no descolorado), es una perfecta envoltura.

Al inicio de mis años universitarios, cursando la asignatura de Ciencia Ambiental, descubrí el mundo de la protección ambiental y esta asignatura marcó mi vida (agradezco a mi querido, hoy amigo, antes profesor, el Dr. David Martínez PhD por la pasión impartida). Justamente en ese momento estaban reclutando para el Grupo Ecológico de UNIBE, el cual estaba recién naciendo y se necesitaban integrantes. Como desde mis tiempos de colegio disfrutaba el contacto con la naturaleza, excursiones al Pico Duarte, escalada (el único deporte que practicaba), me llamó la atención el tema ¡y ya!, a partir de ese día me convertí en la Presidente del grupo por los próximos 9 años… y mi vida sin darme cuenta daría un giro y seguiría dando giros hasta hoy.

Durante esos años en el grupo, descubrí el encanto de mi país organizando excursiones y visitando distintos rincones y llevando estudiantes a descubrirlos. Impartimos talleres sobre reutilización y reciclaje a niños en todas las Ferias del Libro; visitamos escuelas y comunidades para impartir charlas. Muchas veces aprovechábamos que teníamos dos o más horas libres entre clase y clase y nos montábamos en el carro, salíamos corriendo al centro educativo, impartíamos la charla y regresábamos a seguir estudiando. ¡Que lindos recuerdos!

Ahí aprendí a protestar por lo que es nuestro, frente al Congreso, días y noches haciendo vigilias para preservar nuestras Áreas Protegidas; visitando los parques, formando parte de reuniones, haciendo afiches y pancartas de protestas.

Varios años después, en el 2005, ya siendo egresada de medicina y haciendo la pasantía en la Cruz Roja, inicié mi segunda carrera, Diseño de Interiores. Sin pensarlo, me salía solo, todas las asignaciones las hacía de semillas, reutilizando materiales,… esa siempre fue mi línea. No podía evitarlo… me salía automático. Mi cabeza no asimilaba como era posible comprar materiales para hacer proyectos si podía reutilizar otros. Así mismo mi tesis y luego en los proyectos que ejecuté, siempre tomando en cuenta productos los menos impactantes posible.

En el 2006 me ofrecieron impartir la asignatura de Ciencia Ambiental. Ahí de un momento a otro me perdí en el maravilloso mundo de la docencia. 10 años después, continúa siendo una de las grandes pasiones de mi vida.

En ese momento fue como mi esposo y yo nos lanzamos a llevar un estilo de vida más saludable y consciente, a poner en práctica todo lo que como docente impartía. En verdad ha sido toda una aventura. Vivencias, pruebas y errores, y realmente el camino no ha terminado.

Pequeños cambios iniciaron cuando nos casamos, en el 2008. Aprovechamos para realizar cambios por el ambiente y la salud, rompiendo costumbres de nuestros hogares. Le dijimos adiós al cloro, al microondas, a los condimentos procesados,… Nos despedimos de casi todos los plásticos y le dimos la bienvenida al vidrio, al papel reciclado,… y a muchas cosas más.

Un año después, mi vida tomó un giro inesperado, fui diagnosticada con Lupus Eritematoso Sistémico y SAF. Un ¨sacudión¨ como diría la gente… que ameritaba un cambio a una vida aún más saludable. Eliminamos más comida procesada, e iniciamos a utilizar productos libres de ciertos componentes químicos, como fue el caso de decirle adiós a ingredientes como parabeno, oxinobenzona, por ejemplo al comprar bloqueador solar (los pacientes con lupus no pueden exponerse al sol).

Ya con mi título de diseñadora en mano, y mi insaciable inclinación al diseño sostenible, me fui al Green Build en Arizona. La más grande exposición de productos de construcción y diseño en sostenibilidad. Descubrí todo tipo de productos eco amigables, además de edificaciones con certificación LEED. No había duda alguna, estaba en mi mundo.

Cuando regresé, y queriendo evitar todo tipo de estrés que podría afectar mi salud (el estrés desencadena crisis o ¨flares¨), acepté que ejercerla no sería mi aporte, pero si podría hacerlo desde el punto de vista de crear conciencia, sea como docente o como lectora en tesis. Así surge la columna ¨ilovegreen¨ de la Revista La Casa de Omnimedia, espacio que plasma soluciones eco ambientales para interioristas y arquitectos. Desde ese momento, no he parado de escribir.

Otros grandes cambios llegaron cuando quedamos embarazados de nuestra hija, en el 2010 (¡cómo cambian la vida los niños!). Ahí nos lanzamos a la aventura de alimentarnos de manera orgánica. Mi querida amiga Benita del Mercado Orgánico Begaro me introdujo en ese mundo. ¨Si de mí depende la alimentación de este ser, pues desde su vida intrauterina se alimentará saludable¨, decía yo como futura madre. Y así empezamos. Hoy prácticamente nuestra alimentación es más de un 85% orgánica.

En estos años nos hemos convertido en expertos en detectar cuales ingredientes artificiales e impactantes a la salud tienen los alimentos, a evitar lo procesado, le dijimos adiós a los enlatados, a las pinturas con COV en nuestro hogar, nos concentramos en muebles sostenibles, colchones y sabanas orgánicas, juguetes sostenibles sin formaldehido y pintura en base a vegetales, ropa orgánica, pañales orgánicos y reusables, a disminuir nuestro consumo, desechos y a reciclar. Desechamos prácticamente todo lo que tiene BPA, ftalatos, parabenos, petrolato,… y a llevar una vida mas ¨Back to basic¨ (nombre que se ganó una de las charlas que imparto). Nunca se me olvida una frase que una vez leí que decía: ¨No comas nada que tu bisabuela no reconozca como comida¨.

Fuimos descubriendo cuales productos de limpieza, higiene y belleza seleccionar. Cuando compramos un producto nuevo, cuyos ingredientes fueron ya previamente seleccionados de no ser impactantes, le damos una semana de prueba. Si surge algún tipo de reacción alérgica, usamos esto como un ¨detector de químicos¨ y se convierte en la prueba perfecta de que aunque dice no contener algún ingrediente impactante, lo tiene. Mi amado esposo me dice que aparte de las certificaciones que avalen esto, contamos con mi certificación interna, jejejeje.

Entonces, ¿por qué esta página, este proyecto? Pues quiero compartir las vivencias de cómo hemos emigrado a una vida eco amigable. Llevar una vida sostenible, eco amigable, con conciencia ambiental o eco friendly, como sea que se desee llamar, sí, toma tiempo. Amerita cambios. Cambios de costumbres adquiridas por décadas, pero todos estas modificaciones son posibles y fáciles. Son tantos los pequeños detalles que se pueden hacer.

Casi todo el mundo me comenta (mejor dicho se queja), que ¨llevar una vida ecofriendly requiere una gran inversión económica, pues los productos saludables son más caros¨. Eso tiene dos lados: es cierto en muchos aspectos y no tanto en otros. Como verán en los consejos que compartiremos, dejar de comprar suavizante, cloro, mistolin, limpia vidrios, y demás productos sean locales o importados de limpieza… y cambiar todos ellos por bicarbonato de sodio y vinagre, es sustancial el ahorro económico. Esa diferencia cubre perfectamente lo invertido en otros productos menos impactantes, como ingerir carne ¨grass fed¨ o pastoreo, vegetales orgánicos o pescados libres de mercurio,… o champú libre de parabenos, ftalatos, petrolato y demás componentes. Estoy convencida además, que consumir productos menos impactantes, a largo plazo nos evitarán visitas al médico, a pagar esas diferencias que los seguros médicos no cubren. Hay un pensamiento que toda la vida he escuchado pero después que se experimenta la maternidad es que en realidad toma sentido… ¨quiero dejar algo bueno a mis hijos, un mundo menos contaminado, con recursos que disfrutar,… darles mejor calidad de vida, con menos químicos¨.

Entonces… nuevamente ¿por qué esta página? Pues porque deseo compartir con ustedes cómo ser consumidores responsables, inteligentes y no dejarse llevar del mercadeo (mis disculpas a los mercadólogos, que solo hacen su trabajo). Aprender a vivir en armonía con la naturaleza, disfrutar lo que nos proporciona. ¿Cómo? Mediante artículos, charlas, asesorías,… Talleres cómo el que imparto de ¨Cambio Climático para la Adaptación¨.  Este específicamente está dirigido a docentes, como parte de la Red Ambiental de Universidades Dominicanas (RAUDO) en colaboración con el Consejo Nacional para el Cambio Climático y el Mecanismo de Desarrollo Limpio.

¿Por qué? Para convencerlos que se lancen a la aventura de una mejor calidad de vida,… se necesita, lo necesitamos… Nos lo merecemos. El cambio de una persona repercute en la calidad de vida de otras.

Finalmente, ¡por qué se puede! Nos lo hemos ganado simplemente por el hecho de haber nacido. Aunque para nosotros ha sido un proceso de varios años, todos los cambios que hemos hecho para lograr una vida más saludable y eco amigable, a ustedes queridos lectores, les tomará menos porque los guiaremos con un sinnúmero de consejos para que los implementen en su vida de manera fácil. Realmente de eso se trata esta página.